Costa Nova

200 años de historia

Costa Nova do Prado, famosa por sus coloridos «palheiros» (cabañas de paja), casas pintadas con rayas de colores sobre fondo blanco, es también el lugar de origen del dulce regional «tripa», y son igualmente muy apreciados los pescados y mariscos que se venden en la lonja o se sirven en restaurantes locales como el Dom Fernando.

 

Costa Nova cuenta con una importante comunidad pesquera. Orientada tanto hacia el mar como hacia la ría, constituye un auténtico anfiteatro para la práctica de diversos deportes náuticos. La playa cuenta con la Bandera Azul desde 1989 y es también una playa accesible, «Playa para Todos», desde 2002. En tierra, también es habitual la práctica deportiva, en las pasarelas, los paseos, el carril bici o incluso en las diversas instalaciones deportivas al aire libre disponibles.

 

Tras la fijación de la barra de la Ría de Aveiro, en 1808, los pescadores de las cofradías pesqueras de Ílhavo se fueron trasladando a Costa Nova y comenzaron a construir cobertizos de madera, un material que abundaba y era fácil de transportar. Servían de refugio, vivienda y, posteriormente, como almacenes para el salado o el secado del pescado.

 

Al principio, sin tratar, tenían el color de la madera. Para protegerlas de los elementos naturales, se fueron recubriendo con un compuesto a base de aceite de pescado, al que se añadían pigmentos naturales. Adquirieron un tono rojo ocre y negro, y se adoptó la costumbre de alternar los colores en las tablas de los graneros.

 

A partir del siglo XX, Costa Nova, entre el estuario y el mar, atrae a escritores, políticos, burgueses e incluso a la gente del pueblo. En algunos casos se introduce el adobe, y empiezan a construirse graneros de más de una planta, con puertas, ventanas e incluso chimeneas. Sus graneros, imbuidos de un nuevo espíritu, asociado a nuevas formas de ocio, comienzan a adornarse con rayas de colores sobre fondo blanco, transformándose en viviendas.

 

En la costa de Costa Nova discurre, alternando su curso hacia el norte o hacia el sur según la fuerza de las mareas, el Canal de Mira de la Ría de Aveiro. Fuente inagotable de inspiración para escritores, fotógrafos y otros mortales, que tienden a valorar, de forma romántica, su luminosidad y brillo siempre variables, el Canal de Mira también inspira a innumerables deportistas o simples aficionados a la vela, el piragüismo, el surf de remo, el kitesurf y otras modalidades náuticas que se practican por aquí. Es también fuente de vida para la comunidad pesquera local, que aquí se dedica tanto a la pesca artesanal como a la recolección o cría de bivalvos.